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Un viaje a través de los siglos

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Jurásico
Antigüedad
Vikingos | Alta Edad Media
Edad Media
Guerra de los Cien Años
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— IntroducciónCon la participación de la comuna de Lion-sur-Mer Un Viaje a través de los siglos — JurásicoHay que remontarse millones de años para comprender el patrimonio ambiental de nuestras costas, en el corazón de las profundidades del Jurásico. En una época en la que la humanidad aún no había pisado esta tierra, un tiempo perdido, donde criaturas, en su mayoría ya extintas, reinaban con absoluto poder. — AntigüedadComenzaremos nuestro viaje aquí, sobre lo alto de los acantilados de Lion-sur-Mer. En el 56 a.C., la Galia cayó. Galos y romanos, unidos en una nueva era, prosperaron. Aquí, el acantilado, silencioso y majestuoso, guarda en sí profundas huellas de nuestro pasado. — Vikingos | Alta Edad Media¿Me temes? El orgulloso vikingo llegado de las tierras del Norte, navegando los mares y desafiando los vientos, para pisar estas playas bajo la protección de Odín. Después de años de saqueos y destrucción, nuestro jefe Rollón se apoderó de esta parte de la Neustria, en 911, gracias a un tratado con el rey Carlos III de Francia. ¡Así nació el ducado de Normanía! — Edad MediaPasaron los años y nuestro ducado prosperó. Gracias a nuestro duque, Guillermo el Conquistador, sus glorias en el reino de Inglaterra, y a nuestros numerosos señores que fueron a guerrear y prosperar en España o en Italia, ¡la Normandía es ahora fuerte y rica! La iglesia dedicada a San Pedro, que estamos construyendo hoy, en el siglo XI, ¡se mantendrá en pie durante siglos! — Guerra de los Cien AñosEn 1418, la llamada Guerra de los Cien Años se intensifica en nuestras tierras. ¡El ducado de Normandía está en gran peligro! Las tropas inglesas avanzan, tomando ciudades y castillos, uno a uno. Nuestro magnífico feudo, nuestro castillo, estará bajo el estandarte inglés durante más de treinta largos años. Casi la mitad de los normandos perecieron, por la guerra o la peste negra. — RenacimientoEl viento de la prosperidad sopla de nuevo en Normandía. Es la época del Renacimiento, donde florecen el arte y la arquitectura. Soy descendiente de la familia Le Sens, y este feudo, transmitido de generación en generación, perduará hasta vuestros días. Pero nuevas épocas terribles se perfilan en el horizonte. Entre guerras de religión y ataques repetidos de los ingleses en nuestras costas. Luego vinieron los horrores de la Revolución Francesa, teatro macabro que sumió al país en horas oscuras. ¡Pero llegan otros tiempos! — Belle ÉpoqueA finales del siglo XIX, los ferrocarriles del Calvados conectaron Dives con Luc-sur-Mer, y el tranvía atrajo a una multitud de nuevos visitantes. Turistas acomodados, provenientes de las grandes ciudades y sobre todo de París, buscaban aquí la tranquilidad de nuestro campo y los placeres de la playa. Se construyeron villas, magníficos hoteles e incluso un casino. Se abrió una nueva era en la costa. Pronto los pescadores no serían los únicos en disfrutar de la costa. ¡Es la Belle Époque! La época de los baños de mar y los paseos por la playa. — Segunda Guerra MundialGeneral de Gaulle: «El interés supremo de la Patria ordena a todos los Franceses Libres continuar la lucha.» Tras años de ocupación, ¡los aliados desembarcaron! Ahora avanzan hacia París. Pero aquí todo parece aún congelado. Fueron los británicos, el 7 de junio de 1944, quienes nos liberaron. Jamás olvidaremos ese sacrificio por nuestra libertad. Ahora, todo debe ser reconstruido para las décadas venideras. — Hoy¿Y ahora? Nos toca a nosotros escribir la historia de nuestra época, manteniendo en mente que nosotros también somos solo de paso. La historia no se detiene jamás; se teje en cada instante. A vosotros, jóvenes soñadores, os toca dibujar el mañana con vuestras ideas y vuestros compromisos.

Esta película animada es a la vez una representación artística e histórica de la historia de la localidad.

Un viaje en el tiempo que destaca los momentos clave que dieron forma a Lion-sur-Mer.

Lion-sur-Mer, Normandie · © TRANSMISSUS

Una historia & anécdotas

Guía-Álbum del ferrocarril de Caen al Mar

Guía-Álbum Oficial del Ferrocarril de Caen al Mar | 17FI 1492 ©Archivos de Calvados

El municipio ha llevado muchos nombres a lo largo de los siglos, según los archivos conocidos hasta hoy: Leones, Lions, Leon, Lyon, Leo sur mare, Lions-Ultra-Cadomum, Liuns, Lyon-sur-la-mer, hasta el nombre que se le conoce hoy, Lion-sur-Mer.

Lion estuvo durante mucho tiempo dividido en dos. El Alto y el Bajo Lion, donde también se decía Lion de la Tierra y Lion del Mar. Los habitantes del mar vivían al ritmo de las mareas, mientras que los de tierra adentro vivían al ritmo del reloj.

Acantilados de Lion-sur-Mer

Acantilados llamados «Los Confesionarios» de Lion-sur-Mer ©Transmissus

En una época remota, del Neolítico a la Edad del Hierro (siglo I antes de nuestra era), los acantilados albergaron un complejo de extracción de sal marina.

Los arqueólogos encontraron en estos acantilados vestigios de subestructuras (cimientos de construcciones), basureros y sepulturas.

El 26 de febrero de 1714, cincuenta marineros perdieron la vida en el mar. Es la mayor catástrofe humana conocida por los habitantes de Lion-sur-Mer.

La entrada principal por el lado sur ©Transmissus

La entrada principal por el lado sur | ©Transmissus

En el siglo XI existía, en el emplazamiento del actual castillo de Lion-sur-Mer, una fortaleza medieval. Probablemente edificada por la familia Moyon, cuyo antepasado figura con honor entre los combatientes de la Batalla de Hastings (1066), durante la conquista de Inglaterra por Guillermo el Conquistador.

En mayo de 1811, Napoleón Bonaparte fue huésped de Robert Armand Le Sens de Folleville en el castillo.

El castillo ha evolucionado con el tiempo y sigue siendo visible desde el camino que lo bordea, en el Alto Lion.

Frontispicio revolucionario ©Archivos de Calvados

Libertad de los mares - hacia 1791-1793 | 17FI/1222 ©Archivos de Calvados

Estas páginas ornamentadas colocadas al comienzo de los libros se convirtieron en una poderosa herramienta de propaganda revolucionaria. Se acabaron los retratos de reyes o las escenas bíblicas: en su lugar, la Libertad guiando al pueblo, los fasces republicanos y la Declaración de los Derechos del Hombre.

En las imprentas de París y de las provincias, artistas y grabadores plasmaron en imágenes los nuevos ideales: igualdad, fraternidad, soberanía popular. Estos frontispicios, a la vez estéticos y simbólicos, se difundían en folletos, almanaques o constituciones. Marcaron una ruptura profunda con el Antiguo Régimen, grabando la Revolución en el imaginario colectivo desde la misma portada de los libros.

A menudo olvidadas, estas obras son sin embargo los primeros escaparates del pensamiento revolucionario, portadoras de mensajes poderosos en una época en que la imagen empezaba a hablarle al pueblo.

Playas Caennaises, Côte de Nacre

Guía-Álbum Oficial del Ferrocarril de Caen al Mar. Playas de Caen (Côte de Nacre) - 17FI 1492 | ©Archivos de Calvados

En 1857, el señor Pinchon fue nombrado «gran maestro de las casetas» de playa y distribuidor de «baños calientes». En efecto, se ponían a disposición tinas de agua de mar caliente, para paliar el frío del agua de la costa.

¡En Deauville, los paseos de madera y en Lion, el Dique! Construido a comienzos del siglo pasado, fue la originalidad del municipio. Dar la Vuelta al Dique era una actividad que reunía al todo Lion familiar y mundano.

Gyp, Condesa de Martel
La Condesa de Martel, más conocida bajo el seudónimo «Gyp», fue una dramáturga francesa de los siglos XIX y XX. Desde 1855, se quedó regularmente en Lion durante más de 40 años.
Anatole France
El escritor francés Anatole France también dejó su huella en el municipio.
Carta a Gyp,

«He sido retenido en París por diversos asuntos, uno de los cuales con Hungría, como se decía antes. Trato un asunto de reproducción literaria, Madame, con dos gigantes de bigotes tártaros.

Pero lo que me ocupa mucho más es el Jardín de Epicuro y una pequeña colección de novelas italianas que me necesitan para tomar forma y convertirse en algo.

Espero poder regresar a Lion la semana que viene. Suzón está feliz: no me escribe. Recúerdeme ante todos y crea, querida Madame, en mi sincera amistad.» Anatole France, 12 de septiembre de 1894
Ocupación alemana en el castillo de Lion-sur-Mer

Prueba de lanzacohetes, 11 de mayo de 1944 en el castillo de Lion-sur-Mer | ©Bundesarchiv

«Junio de 1940. El ocupante alemán no está satisfecho con el número de habitantes «no locales» e invita a éstos a regresar a sus hogares de invierno. Lion se convierte en guarnición de descanso para los ejércitos de ocupación: escuadrones, baterías, compañías, servicio femenino en uniforme.»

«Los meses pasan y el muro del Atlántico comienza muy lentamente a esbozarse: el alambre de púas avanza con bastante rapidez a pesar de su considerable altura y la anchura de su red.

Día tras día, las casas de Lion que obstaculizaban la visión de los artilleros (baterías de cañones) son demolidas a petición de sus oficiales.» Recuerdo del Sr. Berjot, miembro de la Resistencia

Maurice-Charles Renard & la primera marea tras el Día D

En la primera marea siguiente al Día D, el señor Renard, frustrado por no haber podido pescar camarones en cinco años, decide salir a pescar:

«En esta fiebre del paraíso perdido, por fin reencontrado, multiplicaba mis pasadas sin pensar ni un segundo que la bourraque (red de pesca con mango de madera, llamada el pousseux o haveneau) podía chocar con una mina sumergida y llevarse al pescador con ella. Apenas tenía tiempo de asombrarme ante este nuevo horizonte, sobre el que se perfilaban tantos cascos hundidos de barcazas, e incluso la inmensa silueta de un acorazado francés, hundido sobre el cercano plató rocoso de Hermanville.

Si mi memoria ya no reconocía ese amplio y plano decorado de las mareas de antaño, si mi olfato ya no lograba percibir los tónicos aromas del yodo, obnubilados por los olores a pólvora y los humos de las cortinas de humo, mi cesta no dejaba de llenarse y mis camarones de acumularse.

No eran menos de cinco libras cuando regresé por fin a los cortos acantilados grises de la orilla.

Apenas lanzado el caldo corto, fue un desolador olor a lámpara de petróleo el que se impuso sobre los perfumes del mar... En mi fiebre de pesca, no me había dado cuenta de que el agua de alta mar se cubría de una insidiosa capa de mazút.» Maurice-Charles Renard - Spécial Mer, mayo de 1950